Lo que está claro que la Semana Santa es sinónimo de torrijas, buenos maridajes y las mejores compañías ya sean amistades o familiares.

 

Pero lo que está menos claro es porque gustan tanto en estas fechas y no durante el resto del año.

 

Puede deberse a que, como cada vez tenemos más variedad de dulces y postres tan a nuestra disposición, casi más que platos existen, nos es complicado pensar en estas rebanadas de pan mojadas en leche con tanta frecuencia como nos gustaría.

 

Y si no, ponte en el ejemplo del Roscón de Reyes, sinceramente es un postre típico de Navidad por supuesto y la verdad es que no nos vemos comiéndolo en pleno agosto a más de 30 grados al sol.

 

También se acaba pronto la fiebre de Semana Santa, no por el verano como decimos porque aún queda, pero lo que sí que está a la vuelta de la esquina son las comuniones, y es en ese momento donde cualquier pastelería ya se tiene que ir olvidando de la preparación de torrijas, y empezar a elaborar cientos de tartas para todos los niños y niñas que van a recibir por primera vez su primera comunión.